La función del arte

28 Nov

La función del arte [1] es el capítulo inicial de La necesidad del arte, de Ernst Fischer. En este capítulo introductorio, el autor habla del arte como un medio de establecer un equilibrio entre el hombre y el mundo circundante, sin embargo entiende ésta como una función primaria, y se pregunta si no habrán aparecido nuevas funciones a medida que la sociedad ha ido cambiando. Para dar respuesta a ésta y otras preguntas, parte de la premisa de que el arte es y será siempre necesario.
El hombre, dice Fischer, quiere ser algo más que él mismo, se rebela contra el hecho de tener que consumirse dentro de los límites de su propia vida, quiere convertir en social su individualidad. El arte es el medio indispensable para esta fusión del individuo con el todo.
Citando a Bertolt Brecht, hace referencia a que en un mundo alienado el espectador ha de hacer algo más productivo que limitarse a observar, ilustrando la idea de que la función del arte cambia al cambiar el mundo.
En los orígenes el arte tuvo una función cercana a la magia, que aún se mantiene latente, pero en estos tiempos, la función más necesaria es ilustrar y estimular la acción, permitiendo conocer y cambiar el mundo.

Desde hace bastante tiempo he estado pensando en el sentido del arte en el mundo contemporáneo.
Vivimos un momento en que el conocimiento científico ha alcanzado un nivel tan sólo superado por la mala gestión que hacemos del mismo. Siendo técnicamente posible alimentar correctamente a toda la población del planeta, sólo para empezar, seguimos estancados en un sistema monetario obsoleto.
La humanidad es por lo tanto un organismo enfermo y los humanos somos células que podemos decidir si queremos perpetuar esta enfermedad o si queremos sanar y mejorar la salud de la Tierra. Un cambio positivo.

En ese sentido, he observado como en mayor o menor medida las diferentes profesiones aportan algo al cambio.
Hay ingenieros diseñando máquinas que acabarán por liberar del trabajo duro y repetitivo a la humanidad. Hay médicos sanando cada día más eficazmente casi cualquier enfermedad. Hay programadores desarrollando sistemas de voto seguro por internet delegable en la medida en que se quiera. Hay hasta arquitectos diseñando ciudades sostenibles en equilibrio con la naturaleza.

Por eso llegado a este punto, y con mi licenciatura bajo el brazo, me pregunto:
¿Qué aporta el arte, como actividad, al cambio?
Prefiero entender el arte como un estímulo sanador, un desprogramador cultural que facilite la transformación social necesaria para nuestra supervivencia como especie. No significa que sea la única función válida, pero sin duda la considero la más urgente y necesaria.

[1] Fischer, Ernst. 1967. La función del arte en La necesidad del arte, editado por Edicions 62. Barcelona, España.

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